Oratorio de la Santísima Annunziata

El oratorio de la Santísima Annunziata, monumento nacional, es una perla de la pintura del siglo XV, definida como “la capilla Scrovegni del bajo Lazio”.

Posición estratégica

Annunziata Cori

Subid las escaleras y os encontrarais frente a una pequeña maravilla pictórica, engastada en el verde como un oasis en la traficada calle: el oratorio de la Santísima Annunziata (Cori), también conocida como la capilla de la Santísima Annunziata. Definida erróneamente como una “iglesia”, en realidad era una habitación adjunta a la iglesia verdadera, San Silvestre, del siglo XVII dedicada al Santo Crucifijo.

Ahora el complejo está rodeado de viviendas, pero hasta 1950 estaba en el campo abierto, en la carretera principal de acceso a Cori, que conectaba la ciudad con la Via Apia y Roma. En la Edad Media era aquí donde los magistrados de la Capital se detenían, y solo después de haber jurdao respetar los estatutos de Cori se admitían dentro de las murallas. No es casualidad que la iglesia estuviera dedicada a San Silvestre: proteger a los ciudadanos de los peligros del pantano cercano era un asunto pequeño para un santo que en su vida había derrotado a un dragón.

 

Sobria, pero solo afuera

La construcción del oratorio presumiblemente comenzó en la segunda década del siglo XV y terminó en las décadas siguientes. Lo que la encargó fue el cardenal Pedro Fernández de Frías, vicario pontificio y rector de Sabina y de Campagna y Marittima, de la cual Cori era miembro. La inscripción en el portal de entrada nos lo dice: “De España fuit qui me legerit dicat unu(m) pater n(oste)r p(ro) a(n)i(m)a mea” (“Era español. Quien me leerá, diga un Padre Nuestro para mi alma”).

Al lado de la puerta, el escudo más antiguo existente del Municipio de Cori, que partecipó en la construcción. La rama de olivo en el estante sobre la entrada es probablemente una referencia a Santa Oliva de Anagni, patrona de la ciudad.

Los edificios alrededor del oratorio y la iglesia – una sacristía, la celda del guardían eremitaño de la iglesia, el campanario, una nueva ermita – se agregaron en los siglos XVII y XVIII, durante los trabajos de restauración. Mirando desde la puerta del jardín de los eremitaños, todavía se pueden ver los restos de la ermita.